Alberto Acosta y sus 9 verdades

2009. Entrevista completa: I y II.
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Está en la política y fuera de Alianza País. Tuvo un papel clave en la creación de la nueva estructura del poder ecuatoriano, pero su voz crítica crece. Fue ideólogo del Movimiento gobernante, pero cuestiona y admira a Rafael Correa. Alaba la gran capacidad de trabajo del Presidente y le incomoda su forma piramidal de gobernar… Alberto Acosta sin censura.

1. EL PARTO DE LA NUEVA CONSTITUCIÓN

Usted estuvo activo en la gestación y en la primera etapa del Gobierno de Alianza País (AP). ¿Cómo califica la gestión de la Asamblea Constituyente (AC) en su Presidencia?
El proceso de transformaciones que se planteó el 2006, que comenzó a construirse tiempo atrás, ha sido bastante exitoso. La idea de la AC no surge exclusivamente de AP, el movimiento indígena lo plasma a inicios de los 90, pero fracasa en 1997-98. A inicios del 2005 se reformula la idea y se cristaliza en la campaña de quien sería luego presidente, Rafael Correa. AP resolvió que no pondría candidatos al Congreso y se buscaría el mecanismo para llegar a una AC. El objetivo se alcanzó; el camino fue complejo y difícil. Se llegó a la paralización del Congreso -porque no hubo disolución en términos estrictos- y luego comenzó a funcionar la AC.

Una etapa compleja y difícil pero AP sacó un excelente rédito político, ¿o no?
Sí, fue una etapa con resultados concretos, con un respaldo mayoritario del pueblo ecuatoriano.

¿Dónde estuvo la complejidad de paralizar el viejo Congreso y dar vida a la Asamblea?
Acepto una cosa: en la Constitución anterior no había la posibilidad de una consulta popular que convoque a la AC. Forzamos la institucionalidad vieja para que nazca la nueva institucionalidad.

¿Ud. estuvo de acuerdo en forzar la institucionalidad para dar vida a la Asamblea?
Sí. Yo no conocí los detalles -en ese momento, y hasta el 14 de junio de 2008, fui Ministro de Energía- y no quiero lavarme las manos ni decir que no avalo lo que se hizo; lo acepto aunque no conocí los detalles. Pero el hecho cierto es que se cristalizó la convocatoria a la AC.

¿Llegar así a la AC, forzando las cosas, no menguó el valor político de la misma?
Nosotros no llegamos a una AC como era tradicional en Ecuador, a través de un golpe de Estado. Se convocó al pueblo (15 de abril de 2007) para que elija la AC. El 30 de septiembre de 2007 hubo cambios sustantivos: AP obtuvo 80 de 130 asambleístas y se hizo realidad la Ley de Cuotas: hombres y mujeres en igualdad de condiciones, por eso, de los 130 asambleístas 45 fueron mujeres; nunca antes había ocurrido eso en el país. Se permitió la participación política de los compatriotas en el exterior y se eliminó la chequera interminable…

¿La chequera interminable?
Se eliminó la posibilidad que tenía, por ejemplo, Álvaro Noboa para copar los medios a través de campañas. Las franjas publicitarias las dio el Estado, lo que mejoró las condiciones de participación de los candidatos en igualdad de condiciones. Otro ejemplo: en 1997, cuando estuve de candidato a la Asamblea por Pachakutik, tuve 20 millones de sucres para la campaña, y se estima que Osvaldo Hurtado, en la misma campaña para asambleísta por Pichincha, directa o indirectamente, movilizó 4000 millones de sucres; fue una campaña multimillonaria apoyada desde el Municipio de Quito. En el 2007 las cosas cambiaron y hubo oportunidades para todos, no para pocos. Un extra: AP pudo insistir en que se mantenga el sistema de distribución de escaños -tipo Imperiali- y seguramente hubiera sacado no 80 sino 126 asambleístas.

¿Por qué no lo hicieron?
Menos mal, no lo hicimos; habríamos tenido una Asamblea aburridísima, complicadísima, intolerable para el Presidente de la Asamblea; habría sido peor tener una mayoría tan amplia. Siempre es bueno escuchar a la oposición y que otros grupos tengan espacios importantes para opinar, criticar, proponer… Ese proceso fue interesante, con fallas y todo.

Pero las fallas políticas no necesariamente se subsanan con buena voluntad…
Los detalles se hicieron en el camino. Otro dato interesante, bueno y malo a la vez. Bueno, en la medida que la gente, en Alianza País, entraba sin mayores rigideces, y malo, porque algunos puntos importantes no fueron claramente discutidos y otros se definieron de manera vertical…

2. LAS PRIMERAS GRIETAS, DESDE EL PRINCIPIO

¿Puede dar ejemplos de decisiones verticales al inicio de la Asamblea Constituyente (AC)?
En el discurso de instalación de la AC, el Presidente fijó límites en varios campos. Estableció un punto de conflicto que se reflejó una y otra vez en el manejo de la AC, y yo, como Presidente de la Asamblea y como jefe de bloque, no tuve capacidad para darle una respuesta adecuada…

¿Cuáles fueron esos temas discordantes?
El matrimonio homosexual, el aborto, el tema de Dios. El Presidente no permitió siquiera abrir el debate interno. Dijo que no aceptará una Constitución que permita el matrimonio gay, el aborto o que no conste el nombre de Dios en el preámbulo de la Constitución.

Correa marcó la cancha a la Asamblea y, de paso, a su Bloque, ¿por qué lo permitió?
Incluso dijo que si se da paso a los temas anteriores él sería el primero en votar «no», recurriendo a una suerte de chantaje. Fue un discurso no adecuado y de mala calidad, desde mi perspectiva, porque en lugar de abrir la puerta al debate nacional nos puso límites estrechos.

Insisto: ¿por qué no hubo una respuesta conceptual y orgánica ante esa acción?
Nos quedamos fríos. Yo no tuve una respuesta suficiente. A cuenta de no poner en riesgo la unidad del bloque, no tuvimos la capacidad para debatir eso…

¿Cuál es la responsabilidad de Alberto Acosta en ese punto de quiebre?
Reconozco, yo -como presidente de la Asamblea y personalmente- no pude dar la salida adecuada a temas que merecían un gran debate. Ese baldazo de agua fría me limitó desde el inicio, porque en lugar de un discurso que nos convocara a soñar, a hacer un país diferente, el Presidente nos fijó algunas pautas provenientes de ese Ecuador profundo que hay que superar.

¿Esos tres temas fueron los únicos puntos de quiebre con Rafael Correa?
Otra marca que generó problemas fue el tema ambiental, cuando el Presidente dio muestras claras de que se jugaría por la minería metálica a gran escala y a cielo abierto. Fijó límites para quienes él definiría luego como «los ecologistas infantiles».

3. PESE A TODO, MONTECRISTI FUNCIONABA

A pesar de la demarcación de la cancha, ¿qué reivindica como positivo de la Asamblea?
Hicimos un ejercicio inédito: procuramos la más amplia participación ciudadana: más de 150 mil personas llegaron a Montecristi durante los siete meses que fui Presidente de la Asamblea. Recibimos más de 3000 propuestas de cambios y modificaciones constitucionales, desde propuestas completas hasta textos específicos sobre uno u otro artículo. Hubo una altísima participación y un notable ambiente de involucramiento de la sociedad. Montecristi se convirtió en «la capital de la nueva democracia ecuatoriana». El debate y el diálogo ocurrieron también en las mesas constituyentes, algunas de ellas tuvieron un trabajo muy participativo; analizaron posiciones de derecha e izquierda con buen resultado.

¿Cómo cuáles?
El tema del agua, por ejemplo, se discutió intensamente. Hubo muchos aportes de campesinos y no campesinos, de indígenas y no indígenas, de las juntas de agua potable… La Constitución recoge elementos de una amplia discusión nacional. En ese punto el texto es excelente.

¿Qué tanto de ese debate social está recogido en la Constitución?
Mucho en algunos campos, no en todos, porque tuvimos una discusión castrada desde el principio, pese a los intentos que hicieron algunos compañeros de AP para revertir eso; al final respetamos los consensos que habíamos logrado.

Pese al «pecado original» en el plano conceptual, y al «pecado político» de ponerla en marcha por encima de un Congreso. Ud. defiende la actual Constitución. ¿Por qué?
Porque es un proyecto de vida en común; no es una constitución acuartelada, como la que se hizo a puerta cerrada, sin participación ciudadana, en la Academia de Guerra del Ejército.

4. ALBERTO ACOSTA SE BAJA DEL TREN

Pese a ser fundador de AP, uno de sus ideólogos, y Presidente de la Asamblea, decidió hacerse al costado en la etapa final del proceso de gestación de la Constitución, ¿por qué?
En primer lugar, nosotros no pusimos plazo para la discusión de elaboración de la nueva Constitución. Yo abrí las puertas -quizá ese fue un error porque nos demoró mucho y nos atrancó en los tiempos-, para que la Constitución sea no solo un cuerpo jurídico importante -que lo es- sino para que se convierta en un proyecto de vida en común, en donde los distintos sectores sociales vean plasmadas sus demandas, sus reclamos. Por eso el texto es largo.

Al tenor de lo que revela, su salida era inevitable: marcación de la cancha por parte de Rafael Correa; debate castrado; compromiso político que impedía revertir la situación; participación ciudadana entusiasta con reflejos puntuales en los textos de la Constitución que se iban aprobando… 
Renuncié a la Presidencia de la Asamblea el 24 de junio de 2008 al no lograr convencer al Presidente Correa y al Buró Político de AP de que era necesario ampliar los plazos para entregar la nueva Constitución. Era cierto, el mandato del pueblo del 15 de abril decía que la AC debía durar máximo 8 meses (incluyendo los dos de prórroga). Como iban las cosas, dos meses antes concluí que no íbamos a poder cumplir con el plazo, dada la forma en que yo lideraba el proceso (amplia participación ciudadana y debate democrático en la Asamblea). En ese contexto propuse sacrificar parte del mandato otorgado por el pueblo -sabía que nos costaría políticamente en el referendo del 28 de septiembre que se avecinaba- para alcanzar una Constitución de calidad. Esa fue mi tesis, incluso planteé una fecha: discutir hasta el 25 de julio, como reza el mandato, luego, el 10 de agosto de 2008, votar en la reunión final. Pedí tres semanas más para tener un texto mejor escrito, mejor elaborado. No se aceptó, luego se hicieron las cosas atropelladamente, al apuro…

¿Está restándole validez a la Constitución actual?
De ninguna manera. Lo que digo no quita validez, legitimidad ni calidad a la actual Constitución. Es de primera. Solo digo que ciertas cosas no debieron pasar. Por ejemplo, la redacción del artículo 408, que mezcla temas distintos y de naturaleza diferente: los recursos naturales y el espectro radioeléctrico. Luego hubo algunos temas que «se cayeron de la computadora»… No fueron actos de mala fe, fueron la consecuencia de hacer las cosas al apuro. No olvidemos que la Constitución se redactó en 9 días. Hablé con personas que estuvieron en la Comisión encargada de esa tarea y me contaron que llegaron a estar sentados 48 horas seguidas ante la computadora.

¿Su salida, entonces, era no solo inevitable sino inexorable?
Para evitar esos problemas dije que necesitaba un tiempo, no mucho. Pero se atropellaron los procedimientos, se acabó el debate con la ciudadanía, se redujeron los espacios de discusión, se redujeron los tiempos para redactar los textos… A eso, el Presidente llamó el fin de la democracia del bla, bla, bla. Rafael Correa me acusaba de ser demasiado demócrata.

¿Cuál fue exactamente el argumento de Rafael Correa?
Dijo: tenemos que cumplir el plazo; si vamos más allá, la oposición se nos va de la Asamblea, puede deslegitimarla; hará todo lo posible para decir que ya no estamos dentro del plazo que nos dio el pueblo ecuatoriano y la Constitución, por tanto, será espúrea. Ese fue su argumento.

¿No era un argumento válido, visto desde la “real politik”?
Era un argumento político que no deja de tener sentido, pues la Constitución debía aprobarla el pueblo en un plazo fijado (28 de septiembre de 2008) con la mitad más uno de los votos emitidos (no los válidos) y ese era un gran desafío para Alianza País. Al final sacamos 64% de votos emitidos, es verdad, pero si nos demorábamos un poco más en elaborar cuidadosamente el texto, igual, el pueblo nos hubiera dado su respaldo mayoritario, a pesar del costo político pasajero, pero se habría evitado el desgaste que vemos estos días, con denuncias que pretenden lesionar lo que se hizo entonces, de buena fe pero de forma atropellada.

¿Entonces es falso el dato de que usted pidió que la Asamblea vaya hasta enero del 2009?
Entiendo que esa versión se atribuye a Gustavo Larrea; eso es falso. Peor aún que yo habría pactado con la oposición para tales fines. Yo hice mucho por la unidad de AP, pero terminado el ciclo de discusión democrática y con una marcada de cancha drástica e inoportuna por parte del Presidente -reconociendo que no tuvimos «restricciones a», sino «falta de capacidad para»- el momento de soñar y desatar amarras quedó reducido, de alguna manera trunco.

5. LAS FALLAS POLÍTICAS DE ALBERTO ACOSTA

¿En qué falló Alberto Acosta frente a Rafael Correa?
Reconozco, cometí un error grave: no tener un canal directo de comunicación con él. Eso me afectó. El Presidente me envió señales de respaldo, pero me habría gustado tener más apoyo. La distancia también afectó. Yo estuve siempre en Montecristi y cuando iba a las reuniones del Buró Político de AP a veces llegaba tarde, cansado, o no llegaba. Soy franco: fue agotador. Pero insisto, debí tener un canal directo con Rafael, debí almorzar con él todas las semanas, pero andaba tan concentrado en lo mío en Montecristi que descuidé algunas tareas estratégicas.

¿Qué hizo el Presidente por usted en la Asamblea?
Resolvió un problema serio que se fraguó al inicio de la Asamblea: aparecieron los «correístas», los que le conocieron en su cuna, los que fueron compañeros de universidad, los boys scouts… Por otro lado, comenzaron a aparecer los «acostistas», eso amenazaba la unidad de AP. En su discurso del 15 de enero del 2008, el Presidente dijo que no cree en correístas ni acostistas, y que si hubiera acostistas, él sería el primero en la fila. Ahí se zanjó ese problema…

Pero los hechos son necios: parece que sí hay muchos correístas…
Siempre hubo gente que terminaría siendo funcional al Presidente. Hubo asambleístas con línea directa con él y llegaban agenciosos con el recado de que «el Presidente nos dice tal cosa».

¿A quiénes se refiere?
Rolando Panchana, César Rodríguez y otros. Recuerdo cuando Ricardo Patiño quiso dar órdenes por teléfono y le reclamé en público, indicándole que esa era una práctica de la partidocracia; le dije que no vuelva a hacerlo. Eso comenzó a cansarles, mientras, por otro lado, querían que se apruebe la Constitución a como dé lugar. Decían: «tenemos 80 votos, ¿por qué no se aprueba?». Yo les decía: «debemos discutir los temas, muchos de ellos son difíciles, complejos, hasta dolorosos». También incidió que AP no tenía una estructura sólida, partidista digamos.

¿Cuáles son sus errores político-personales que no volvería a repetir?
En primer lugar, habría hecho más para tener una mejor relación con el Presidente; faltó un contacto más directo y sin intermediarios; los intermediarios terminaron complicando nuestra relación. A la postre, el no tener un vínculo más directo hizo que algunas cosas se vean de distinta manera, que se vean distorsionadas, a conveniencia de algunos interesados.

¿No le faltó levantar un poco la voz cuando era necesario?
Yo siempre expuse mis criterios con convicción y hubo temas en los que obtuve, incluso, mayoría en el Bloque de Alianza País. Fue el caso, por ejemplo, de Dayuma. Aunque en otros perdí: no obtuve la mayoría para el consentimiento previo.

La ruptura del ex Presidente de la Asamblea Constituyente con Rafael Correa en la Base de Manta. Su último encuentro personal –corto y tenso- con el Presidente, en Quito. Las cosas buenas y malas del Gobierno según Alberto Acosta. Sus reflexiones sobre Fabricio Correa y cómo el hermano mayor afecta al Presidente… Segunda entrega del diálogo con b10.com.ec

6. LA RUPTURA CON RAFAEL CORREA EN LA BASE DE MANTA

Una vez que dejó la Presidencia de la Asamblea Constituyente, se queda en Alianza País (AP), pero no siempre estuvo cómodo. ¿Qué pasó?
Me quedé y apoyé muchos temas, otros no. Por ejemplo, estuve en contra del Mandato Agrario. Pero hubo un asunto en particular que me incomodó muchísimo: la amnistía a Gustavo Noboa. Soy franco: a título personal me dolió mucho más que tener que retirarme de la Presidencia de la Asamblea, porque esa decisión fue contra principios éticos.

¿Dónde estuvo la transgresión ética del ex Presidente Noboa?
Para mi el tema es muy claro: ese señor y su gobierno hicieron una renegociación de la deuda externa totalmente inconveniente para el país.

¿Qué pasó luego con Alberto Acosta y el Buró Político de AP?
Desde que dejé la Presidencia de la Asamblea no volví a ninguna reunión del Buró. Me invitaron la última vez el 29 de julio de 2008 -justamente cuando aparecían algunos obispos como opositores a la nueva Constitución- y a la media hora me llamaron a desinvitar sin explicación alguna. Luego tomé distancia y ellos me fueron marginando.

¿Cuándo fue la última vez que habló personalmente con el Presidente? 
El día que fue a Manta, a exponer el Mandato Agrario. (Un día antes, cuando Ecuador y Colombia empataron 0-0 en un pésimo partido en Quito, hablé con Rafael Correa y me hizo saber que debo ponerme a un lado para que se apruebe la Constitución en la Asamblea en los tiempos previstos). No llegué a dicha exposición; me quedé en Quito hasta mediodía trabajando con la Comisión para que redacte el texto constitucional. Ellos eran: Julio C. Trujillo, Nicolás Parducci, Agustín Grijalva (Marena Briones se excusó), entre otros. Al Presidente no le gustaron esos nombres.

¿Qué pasó en Manta y en Montecristi?
A mediodía llegué a la Base de Manta, hubo un almuerzo con miembros de AP; se discutió el tema de la Constitución. Habló el Presidente, hablé yo; mantuve mi posición. Luego fui a Montecristi a presidir la sesión. Estando allí un emisario del Presidente me avisó que él deseaba hablar conmigo en Manta, antes de volver a Quito. Fui y allí estuvieron el Presidente Correa, Ricardo Patiño y Augusto Barrera.

¿Qué pasó en esa reunión?
Fue una reunión corta, de 4 ó 5 minutos. Solo habló Patiño y me pidió, en nombre del Presidente, que me haga a un lado. En ese momento el Presidente Correa se veía apenado, no sé si con lágrimas en los ojos, pero le vi acongojado. Le dije entonces que por mi parte no había ningún problema. Yo hago lo que mi padre me dijo: «en la vida hay que ser útil, no importante». Mi tarea era sacar adelante la Constitución, no ser Presidente de la Asamblea. En todo caso, debo admitir que para mi era muy doloroso, al final, no firmar la Constitución, a la cual le había dedicado tanto tiempo y esfuerzo.

¿Qué le dijo usted al Presidente?
Le dije al Presidente que necesitaba un tiempo corto para concretar la decisión y que yo daré la noticia. Me retiré e informé a mis asesores de confianza lo ocurrido, luego se hizo pública la noticia. Tras el anuncio hubo tensiones y amenazas que podían dividir el Bloque de AP y yo no estaba para permitir eso, con una oposición montándose en la discusión y frotándose las manos. Esa situación, simplemente, yo no podía permitirlo.

7. EL ÚLTIMO ENCUENTRO CON EL PRESIDENTE

Dejó la Presidencia de la Asamblea Constituyente; siendo uno de los fundadores, se distanció del Movimiento político hoy en el poder; dejó el Buró Político de AP… ¿Alberto Acosta va hacia el abandono definitivo de toda actividad política?
De ninguna manera, aunque hubo gente que quería que me retire del todo apenas dejé la Presidencia de la Asamblea. Algunos me sugirieron de buena fe que me retire para no ser sujeto de malos tratos dentro del Movimiento, pero yo debí cumplir con el mandato popular de más de 1,8 millones de personas, como asambleísta. Cumplí con esa tarea y aquí sigo…

Después de su reunión con el Presidente en la Base de Manta, cuando Ricardo Patiño le pide que deje la Presidencia de la Asamblea, ¿volvió a hablar con Rafael Correa?
El Presidente fue a verme en mi casa el 28 de septiembre de 2008, día del referendo sobre la Constitución. El fue para ver cómo hacíamos para votar juntos, como tradicionalmente lo habíamos hecho: él me acompañaba y yo le acompañaba a él. Pero esa vez fui solo.

¿Por qué fracasó esa naciente tradición que le vendía al Ecuador la imagen de un Movimiento Alianza País unificado?
Hubo un mal entendido. La noche anterior hubo algunas llamadas a mi casa tratando de que se establezca el procedimiento, pero Ana María (su compañera: ndlr) había decidido no pasar las llamadas porque yo estaba completamente agotado, pues había recorrido casi todo el país, durante tres meses, en la campaña. Antes de las 9 de la noche estaba dormido. A la madrugada, Ana María me contó de las llamadas. En la mañana del domingo hablé con Lenin (Moreno), luego con el “Corcho” (Fernando Cordero) y después con Rafael (Correa); él estaba desayunando en el Hotel Quito y me dice: “ya te voy a ver en tu casa”. Fue un gesto simpático…

Además de simpático, era un gesto eminentemente político: el Presidente iba a su casa.
Claro, el tema no era asunto de tomarnos una foto y resolver los problemas. Fue una reunión tensa, de unos 10 minutos. Ana María y mis hijas estuvieron muy molestas. Al final yo no fui a votar junto con él. No había condiciones. Pero siempre le dije: estoy dispuesto a conversar contigo, cuando quieras. Él dijo que también estaba dispuesto, no nos hemos encontrarnos desde entonces. Esa fue la última vez que lo vi personalmente.

Visto a la distancia, ¿valió o no la pena el esfuerzo político realizado en Alianza País?
Categóricamente, sí. Lo volvería a hacer, sí. Con todos los problemas, sí. Vale la pena seguir impulsando el proceso político que iniciamos. Si pudiera corregir, corregiría, pero siento que todo el esfuerzo anterior –y el futuro- valen la pena. El país está comenzando a cambiar. Y debo decir que ciertas cosas del Gobierno se están haciendo muy bien; otras no.

¿Fuera de Alianza País es mejor que dentro del Movimiento?
Estoy dentro del país, eso es lo importante. No formo parte del Gobierno ni de Alianza País…

Si el Presidente le invitaría a volver, ¿lo aceptaría?
No creo que el Presidente de la República me invite ni yo estoy dispuesto a aceptar. Entonces, estamos empates. Creo que en eso está claro el panorama. Yo sigo haciendo política, trabajo para que la ciudadanía se apropie de la Constitución, que no es del Presidente ni del Gobierno Nacional, es de todo el pueblo ecuatoriano.

8. LAS COSAS BUENAS Y MALAS DEL GOBIERNO

¿En qué áreas el Gobierno está haciendo bien las cosas?
Por fin tenemos una política exterior de dignidad y soberanía. Hay claridad; Ecuador sabe a dónde quiere ir en la arena internacional. Económicamente, el país está menos mal de lo que muchos esperaban. Tomando en cuenta la crisis que hemos tenido, sin disponer de política monetaria y cambiaria propia, no estamos en una tremenda recesión. La Ley de Educación Superior es otro caso positivo; es una buena ley que debe y puede ser mejorada, pero es un avance importantísimo. La Ley de Agua no es tan mala, pero debe mejorar algunos puntos, por ejemplo, la participación ciudadana. No olvidemos que vivimos la Revolución Ciudadana, pero el déficit mayor es la participación de la ciudadanía; eso debe corregirse. Hay, en suma, muchas cosas buenas; no se han hecho mal todas las cosas…

¿Cuáles son las cosas mal hechas por el Gobierno?
Se han impuesto algunas cosas. Por ejemplo, la Ley de Minería y la Ley de Soberanía Alimentaria. Esos temas fundamentales han exacerbado el ánimo de los indígenas y de otros sectores sociales que ven peligrar sus intereses legítimos; no solamente el proyecto de Ley del Agua, no, no, hay temas concatenados que explican la reacción de la Conaie y de otros sectores. Los indígenas y otros sectores sociales querían, demandaban tiempo para el debate y que se tome en cuenta sus puntos de vista. Pero al imponerse las cosas, al manejarse de muy mala manera estos temas, el Gobierno enfrenta ahora las protestas, los reclamos airados, etc. Yo he trabajado con los indígenas y con muchos sectores populares y puedo decir que ahí no hay nadie que diga: “queremos que se cumpla el 100% de nuestras demandas”. Existen los discursos de tarima pero todos saben que hay que negociar y ceder. Pero el hecho de que el Gobierno no les haya abierto la puerta, ha generado en ellos una gran desconfianza.

¿El proyecto de Ley de Agua es realmente malo?
¡No! Tiene cosas buenas pero debe ser perfeccionado inmediatamente con diálogo y discusión franca. Pero, primero, creo que el Presidente debe serenarse, no debe andar nervioso, debe buscar la manera de abrirse al diálogo. No solo con respecto a la Ley de Agua, respecto a todo.

9. EL FANTASMA DE FABRICIO CORREA

¿Qué reivindica del Presidente Correa, en tanto líder político?
Rafael Correa es una persona muy inteligente, tiene una gran capacidad de trabajo. Es apasionado por la Patria. Está rodeado de mucha gente pero se ha quedado demasiado solo. Tiene un compromiso profundo con el país, por eso me “emputa” (Alberto Acosta pide disculpas por usar esta palabra: ndlr) la actitud de su hermano Fabricio: mientras Rafael Correa se juega la vida, el otro se juega los negocios. Pero la culpa es de Rafael por no haberle tenido siempre al margen. Rafael sabía quién era su hermano…

¿Y sabía el Presidente los negocios que hacía su hermano?
No sé, eso ya no sé, pero él sí sabía quién era su hermano, cuáles eran sus afanes…

¿Y cuáles eran esos afanes de Fabricio Correa?
Nunca tuvo ningún afán político de compromiso con el país, nunca tuvo un afán por la lucha, por la transformación del país, nunca. Pensaba en los negocios. Eso es intolerable. Eso le hace mucho daño a Rafael. Estoy convencido que Rafael sufre mucho con esa situación, pero nunca debió dejarle que esté tan cerca. El Presidente ya dijo una vez en un Gabinete: “no le dejen entrar a mi hermano a los ministerios simplemente porque es mi hermano”. Pero le dejaron entrar y le dieron contratos. No sé cuánto de eso supo el Presidente, no sé.

Sería grave si el Presidente sabía más del tema que el país no conoce.
¡Sería lamentable! Pero le he visto actuar al Presidente y, sin conocer la parte jurídica, me parece muy bien que se terminen esos contratos. Recordemos cómo empezó el proceso revolucionario en Cuba: Fidel Castro empezó la Reforma Agraria expropiando las tierras de su madre, quien salió luego echando pestes sobre Fidel. Es que en un verdadero proceso revolucionario no hay excepciones familiares. Por eso es intolerable lo de Fabricio Correa: cuando el uno se juega la vida por el país, el otro se juega la vida por los negocios.-

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“En el discurso de instalación de la Asamblea, Rafael Correa fijó límites en varios campos que no pude resolver”.

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«No creo que Rafael me invite a regresar a Alianza País ni yo estoy dispuesto a aceptar; estamos empates».